Son las 9:40 de la noche. Llegué hace unos 10 minutos a la casa, cargando un garrafón de 20 lts de agua para tomar y apenas lo dejé y corrí al baño.
Habiendo vaciado la vejiga, me salí con la portátil a la terraza del departamento de mi vecino. El no está, pero no es problema. Tengo permiso para usar una de las dos mecedoras que la Rentera le prestó.
Me acabo de dar cuenta que traigo el zipper de los jeans abajo.
Así lo dejo, total, ni quién se fije, ni a quién le importe.
Ayer fue uno de esos días en los que el cansancio gana, terminé de trabajar casi a las 12 y nadamás me desnudé y me tumbé en la cama, sin bañar, ni cepillar dientes, lavar cara, embarrar cremas.
Apenas podía levantarme hoy que tenía la invitación de pasar el día en un establo lechero (no orgánico) y ver, hacer, aprender, preguntar, todo lo que quisiera.
Y lo hice. No me callé en todo el rato y el pobre de Don Mario, aunque de seguro estaba harto de mis preguntas, se portó excelente. De las mejores personas que he conocido en mucho tiempo.
Cuando llegó su papá (de unos 78 años), no dejaba de ver mi generosa pechonalidad.
Huelo a leche, un poco a estiércol y traigo una muñeca inflamada. Una vaca simpática me pateó cuando me acerqué a masajearle los “cuartos” (o las chichis, como dice don Mario) para la ordeña (¿y quién no lo haría si no le piden permiso?), y me duele un montón. Dudo que esté quebrada, aunque ya se puso todo morado y apenas la puedo mover.
Eso y el post de Irene me recuerdan las veces que me he quebrado huesos y por pensar que no era nada he estado aguantándome hasta dos semanas para ir al hospital y comprobar que en realidad si era algo. Cuando todo seguía morado, deforme y doloroso.
... excepto esa vez cuando tenía como 7 años que mamácaracol intentó darme una motivación para la vida y me dijo que yo podía hacer cualquier cosa que quisiera con suficientes ganas.
Ella no contaba con que yo me treparía a un árbol de moras cargando una gran toalla de playa y que después de (obviamente) atascarme de moras y quedar toda embarrada de morado (manos, boca, ropa), me amarraría la toalla al cuello e intentaría volar como Superman.
Esa vez los huesos rotos si que fueron atendidos de inmediato y aunque supuestamente de la cabeza quedé intacta, a través de los años ha surgido la duda de si en realidad fue así.
Dedos de mano y pies, tobillo, pierna, brazos, dientes. Y si entro en otras rotencias, más vale ser honesta y mencionar autoestima, fe y esperanza.
Mejor ni hablar del corazón...
Pero todo sana con el tiempo y aunque quedan cicatrices, dolores recurrentes y recuerdos, las cosas siempre se superan (o al menos una le echa ganas para que así sea).
Y todo siempre deja lugar para contar las historias.
Por lo pronto, no vuelvo a masajearle las tetas a nadie.
He dicho.
Hace 4 horas

