viernes, noviembre 28

Conchis

Fui a comer con tres compañeros del trabajo a una fondita del pueblo más cercano. La dueña y señora del lugar se llama Conchis.

Conchis cocina muy bien. Con la fondita mantiene a su familia, que consta de su marido y tres hijos. Chemo atiende la casa y cuida de los niños mientras ella se gana el pan.

Cuando vamos entrando para acomodarnos en una de las mesas, nos saluda a todos diciendo “buenas tardes, ingenieros” y al pedirle de comer es normal tener que repetir varias veces lo que queremos, porque no apunta, sino que se pone a hacer la orden en el acto.

He notado que soy la única que repito lo que quiero sin que me pregunte.O sea, ¡por que no me pregunta! Me da la impresión que se le olvida que también estoy allí para comer.

Y me da un coraje que me sirva de comer al último. Mi plato siempre se hace al final, ya que todos los ingenieros están comiendo tan campantes.

En esos momentos, siento una profunda vergüenza. No sé si pueda explicar por qué.

Será vergüenza ajena, por Conchis, que siendo mujer y aparte tan independiente y trabajadora y demás, sea tan machista… y conmigo, otra mujer.

Será vergüenza por mi, que no soy capaz de exigirle a Conchis que me prepare la comida de vez cuando en otro orden que no sea al final.

Será vergüenza con y por mis compañeros, que tienen tan poca consideración conmigo y les vale cacahuate y se atascan felizmente mientras yo los veo y en absoluto piensan que es una falta de cortesía que una y otra vez pase lo mismo. Que me dejen al último.

Como más despacio que ellos y siempre terminan esperándome a que acabe. A veces apurándome. Ni por eso me sirven primero. O segunda. O tercera.

Toda la vida he estado rodeada de machistas, de machismo. He aprendido a vivir, sobrevivir y sobresalir a pesar de esto.

Pero a veces… me cansa y me da tanto coraje y a veces... sólo me da mucha pena.

Carajo.

domingo, noviembre 23

Señal

Será que soy alguien de poca (o podrá ser mucha) fe o talvez sólo sea que se me dificulta tomar decisiones por mi misma, por lo que busco señales en todas partes, quizá por supersticiosa, quizá para que me orienten o me den el empujón que necesito para saber qué hacer, qué camino escoger.

Otra cosa es que haga caso a las señales. Y haga las cosas.

Hoy pensaba en ellas cuando leí en un lugar:

Si has estado esperando una señal, esto lo es.
Hazlo.
Será increíble.

Una señal más clara, nunca he recibido.

Me gustaría hacer lo que he estado pensando que debo hacer, me gustaría hacerlo con la seguridad que te da el no pensar en las consecuencias pero teniendo la esperanza de que éstas sean las mejores.

Ahora, es que no me atrevo.

Soy cobarde.

miércoles, noviembre 19

Bellota

Hace unos días nació la primera becerrita de mi dinastía. Por desgracia me perdí el parto, que fue el domingo a las seis de la mañana. Aunque he visto animales nacer, me hubiera gustado estar allí.

La becerra se llama Bellota y su número de identificación es el 5019. No tengo idea de cuánto habrá pesado al nacer porque aquí no hay basculas que no midan más de unos cuantos kilos de vegetales.

Es color café y la única seña particular que le he encontrado está en la pata trasera. Tiene una manchita blanca sobre la pezuña izquierda.

Debido a mi falta de previsión, las becerreras no estuvieron listas para que Bellota las inaugurara, por lo que tuvimos que improvisar un lugar en donde resguardarla del frío y cualquier riesgo de contagio de enfermedades bronquiales que abundan en los animales de más edad en estas épocas de frío.

Mi laboratorio/ex caballeriza definitivamente no representa el mejor aposento, pero de momento no queda de otra. Bellota reposa e intermitente y animadamente se pasea por la caballeriza de unos cinco metros cuadrados, entre mis frascos de vidrio, botellas con extractos, cajas con experimentos y la gran mesa maciza de madera donde trabajo. De repente le da por estirar su pescuezo y olisquear a distancia las más de 15 hierbas medicinales que cuelgan de las paredes.

Le doy de comer cuando a ella se le da la gana y normalmente es un evento desastroso para mi porque a mitad de comida se emociona y cuando al fin termina de dar saltos de salvaje sobre patas todavía temblorosas y regresa queriendo el biberón (con el hocico lleno de leche y baba), lo busca tentando por todas mis piernas y termino llena de pequeñas manchas de leche en forma de hocico bovino miniatura.

A veces jugamos un rato, corriendo de un lado para otro en el estrecho espacio con ella detrás (y me da mucho gusto que nadie pueda verme porque estoy segura que me veo de lo más ridícula). Cuando una de las dos nos cansamos, me siento en el suelo recargada a la pared y la becerra se echa a un lado.

Trato de acariciarla y hablare seguido para que se acostumbre al contacto humano y a mi voz. Le gusta que le sobe entre los ojos y no me he animado a cantarle por miedo a arruinar nuestra agradable relación.

A veces estoy en el laboratorio trabajando en la computadora y oímos a Pavarotti o María Callas. Creo que ambas acordamos que hay algunas piezas de la Traviata que no nos agradan mucho porque parece que un niñito cantor está llorando mientras lo capan. Las orejas de Bellota casi empiezan a girar sobre su cabeza como antenas y mejor le adelanto a la próxima opera.

Estoy emocionada y encantada. No dejo de impresionarme que a los 3 días y medio de nacida tenga todos sus pelitos, dientes y pezuñas perfectos, o que brinque sobre esas patas tan delgaditas y sea tan juguetona.

Yo estoy segura que los animales tienen personalidad propia. Espero que siga así de animada cuando crezca. Ver una vaca de 400 kilos retozando por las praderas es de las cosas más graciosas que he visto.

A veces me preocupo. Espero que estemos haciendo las cosas bien para que Bellota crezca fuerte y saludable y de paso, sea muy buena productora.

lunes, noviembre 10

muda

¿Cómo se supone que una debe de reaccionar ante la notica de que tiene un tumor?

¿Y que no te digan nada más?

Después de las milcincomil, un alma caritativa me explicó que es benigno pero sangra y que puede crecer y hacerse malo.

Empecé el tratamiento que consiste en una inyección (con una aguja que seguramente es del mismo tamaño que se usa en elefantes) de medicamento en el abdomen por 5 meses.

Yo sigo asustada.

domingo, noviembre 9

wish list

Este fin de semana estuve con una tía. En la plática, me dijo que hiciera una lista de las cosas que quiero tener, que quiero ser, defectos que quiero convertir en virtudes, virtudes que quiero desarrollar. Por más loco o imposible que parezca.

Por partes, escribo mi lista.

Quiero ser:
Alegre
Compasiva
Generosa
Agradecida
Positiva
Trabajadora
Buena hija
Buena amiga
Buena empleada
Buena jefa
Buena ciudadana
Congruente
Creativa
Perseverante
Justa
Espiritual
Tolerante
Empática
Paciente
Activa
Comprensiva
Exitosa
Puntual
Responsable
Decidida
Inteligente
Compartida
Respetuosa
Entusiasta

Quiero también:
Ser feliz
Tener tranquilidad económica
Saber amar
Saber dejarme amar
Que siempre me apasione lo que hago
Que lo que hago haga una diferencia positiva allí donde esté
Ayudar en lo que pueda a los que me rodean
Pesar 56 kilos
Cocinar delicioso
Hacer un buen grupo de amigos en la ciudad donde vivo
Tener salud
Quererme mucho
Hacer mi trabajo siempre bien
Estar siempre abierta al aprendizaje y a las críticas
Tener un autoestima balanceado
Saber perdonar
Poder siempre adaptarme a los cambios
Que todo lo que haga sea hecho siempre con todas las ganas


Se supone que debo repetir estas cosas seguido, convencida de que lo soy, que lo tengo, que puedo, aunque la realidad sea diferente.

Es el poder de la mente, que se va convenciendo de que las cosas son así... hasta que en realidad, lo son.

No sé qué tan cierto sea, pero decirme que soy y hago todo eso me pone de tan buen humor, que nada más por eso ya vale la pena!

miércoles, noviembre 5

7 veces más

Ayer cómo pasaron cosas. Yo no me enteré de nada, claro, porque estaba en un cafecito con las nuevas amistades que he hecho en mi nuevo pueblo, echándome tranquilamente unas enchiladas rellenas de queso y flor de calabaza, bañadas con salsa de chile poblano y mi garrafita de naranjada.

Sabía de las elecciones pero me daba igual enterarme en el momento justo a un día después.

Ese día después, OCEA (que es más fuerte que o sea) hoy, no podía ni con mi alma. Terminé con un tratamiento y pensé que había mejorado pero el dolor regresó y me despertó cruelmente a las 4 de la mañana. Apenas llegué al baño para vomitar.

No quería ir al trabajo pero había quedado de pasar por Chela, una compañera del trabajo, y sino lo hacía y tomaba el camión, seguro llegaría tarde.

Muy valiente me subí al carro y le doy al oxxo donde habíamos quedado que me esperaba. En un semáforo veo a lo lejos un periódico amarillista con una foto amarillenta… ¿un incendio?

Chela se sube al carro y antes que yo pudiera preguntar algo y como sabe que no veo televisión empieza a contarme de la muerte del Secretario de gobernación (y entonces comprendo la foto en primera plana del periódico) y sobre el triunfo de Obama.

Aún y que no me hubiera estado muriendo del dolor y de las ganas de vomitar, no habría sabido cómo reaccionar.

Te impresionas, y no te la crees, luego te emocionas. Tengo la ligera impresión de que con lo primero junté y con lo segundo levanté cejas. Luego las volví a bajar y a juntar y me dio mucha tristeza.

Nos fuimos oyendo el noticiero en el radio el resto del camino (con una que otra lágrima mía, uno que otro quejido mío (y uno que otro sonido de consuelo (cabe recalcar que muy desganado) de Chela)).

Creo que Chela tenía la esperanza de que yo me regresara a la ciudá pero yo estaba muy preocupada porque ella llegara a tiempo al trabajo. Me sugirió que fuera al “hospital” del pueblo más cercano y le hice caso.

¿Qué tan jodida me habré visto que hasta la señora que barría afuera quiso ayudarme con la bolsa?

El enfermero andaba de muy mal humor mientras me tomaba la presión (que traía muy baja), me medía (ahora resulta que mido 1.73) y me pesaba (de eso no quise saber!). Yo muy amablemente le pregunté que si andaba de mal humor, lo cual negó. No le creí. Le dije que nada más asustaba a los pobres clientes como nosotros que veníamos moribundos a buscar consuelo.

El doctor me mandó a comprarme unas medicinas a la farmacia de a lado, con Chuya. Me tardé años en llegar (no podía caminar) y que casi me voy para atrás cuando voy viendo el anuncio de la farmacia… justo debajo de la palabra Carnicería y encima de la palabra Refaccionaria. Carajo, pero ¿qué tranquilidad le da a una eso?

Lo peor de todo fue cuando el enfermero no me encontraba la vena para meterme el medicamento. Primero en un brazo y tras tres piquetes y “Ay, se te reventó la venita, déjame te busco otra”, y luego otra venita reventada en el otro brazo, le habló al médico, que me reventó una venita más en la muñeca.

Pensaba que habían sido cinco piquetes pero me he contado los moretones y encontré siete. Ya me acordé que luego llegó la doctorcita a buscarme venitas también. Dos veces.

Como nadie ganó el concurso y yo ya los quería matar (si no, muy seguramente se hubieran ido a mis tobillos), terminaron poniéndome otra cosa intramuscular (en la nalga) y dándome tres días de reposo.

Cuando iba de salida me dijeron que eran 10 pesos.

Antes de sacar la moneda del pantalón (no habrá depósito en la alcancía hoy), me pregunté si eran 10 pesos en total o… 10 pesos por cada piquete. Al decirlo en voz alta, sólo se rieron y yo me fui más adolorida de cuando entré.

Bendita atención médica rural mexicana.

Y yo aquí, malita, chipil, y… sin cigarros. A ver ahora a qué repartidor de comidas se los encargo.

lunes, noviembre 3

estos tiempos de crisis

Con este sueldo que a veces siento tan mísero, no había encontrado la forma de ahorrar.

Siempre que separaba un poquito de plata, al poco tiempo tenía razón para sacarlo y usarlo para "algún gasto importante".

Y constantemente tenía en el fondo de mi mente el recordatorio de la necesidad de tener un “colchoncito”.

En la última carne asada con mis amigos, me quedé con una botella de plástico de 2 L de coca-cola light y apenas hace unos días le hice una ranurita con la navaja y… metí la primer moneda de 10 pesos.

Todos los días me obligo a guardarme monedas en las bolsas de los pantalones y así cuando llego a quitármelos, tengo la botella a un lado y echo toda la morralla.

Sé que no me voy a hacer rica así nunca, pero … ¡no está mal!

Definitivamente es mejor que nada.

Por cierto… es imposible sacar monedas de esa botella a menos que la corte por la mitad. Lo digo yo que lo sé. Ya lo intenté.

sábado, noviembre 1

Finde en casa

He decidido quedarme lo que resta del sábado y todo el domingo en piyama. Si se puede, dejar la cama lo menos posible.

Estoy preparada: me hice de suficientes provisones (aunque la mamácaracol no estaría del todo de acuerdo, lo sé). Tengo champiñones, queso, tortillas, plátanos, bísquetes, mantequilla y mermelada de frambuesa, Zucaritas y leche, una serie de televisión para ver a través de la diminuta pantalla de mi computadora (y los lentes de cegatona para ayudar), la vida de Miguel Ángel plasmada con letras en 576 páginas con sus hojas oliendo a viejo, calcetines y suficientes cobertores para mantenerme en calor.

A gusto.

He tenido mucho trabajo, de ese que disfruto pero que me deja cansada hasta el tuétano y adolorida de cerebro, espalda y extremidades.

Eso de andar buscando hierbas medicinales entre pinos en la montaña antes de que empiecen las heladas y estar intentando domar animales que pesan más de 400 kilogramos es otra cosa.

A parte de los menesteres habituales de la vida caracol, ha habido algunos sucesos que me han dejado un poco aturdida.

…Me han estado entrevistando para un super trabajo (en una empresa transnacional, grande, productora de frambuesasarandanosfresaszarzamoras (meencantanmeencantan), que ofrece un mejor sueldo y mayores prestaciones (y más vacaciones!)). El mayor inconveniente es que tendría que volver a Baja California (diossanto, búrlate de la ironía) y que tendría que estar la mayor parte del tiempo metida en una oficina.

…Mi jefe me ha informado que hay inversionistas muchísimo muy interesados en la empresa. Dichos inversionistas puede (nada es seguro) que decidan que mi área no es necesaria y la borren. Eliminen. Quiten. Desaparezcan… ¡¡caput!! (Aún y que me dijo que no hay de qué preocuparme y que puede haber otra área a la cual pasarme, a mi me quería dar un ataque (creo, todavía).)

…Resulta que mis intentos por ganarme un dinero extra y poder seguir en este trabajo que tanto me gusta (y, ¿es que ya mencione que puede dejar de existir?) han fracasado. Ser traductora no es una opción viable porque no tengo tiempo suficiente para dedicarle el necesario y dar clases de inglés en una escuela de por aquí tampoco porque… aún y que me saqué todo bien en el examen de posibles profesores (o algo así) tampoco tengo tiempo suficiente para tomar el jodido curso de capacitación.

…e gualá.

¿Cómo hago para que se calle este cuchicheo constante en mi cabeza?



O bueno, encerrada aquí en “off” que es lo mismo.