Estaba yo en el área de comidas de un centro comercial esperando que estuviera lista mi torta de jamón y queso.
Cerca de mi mesa, estaba una señora con sus dos hijas, una de ellas muy tranquila comiendose una gordita Doña Tota y la otra... haciendo berrinches en el suelo.
La mamá se cansó de tratar de levantarla y mientras se dirijía a un bote de basura dijo:
-Está sucio y va a venir la araña a morderte... y ponte el zapato.
Me pregunto qué culpa tienen las arañas.
Me pregunto qué me decía mi mamá en esos casos cuando yo estaba chiquita, por que a mi los bichos me encantan.
Me imagino que amenazas indirectas como esas son las que meten en los niños el miedo a los bichos y que luego hacen insoportables a la mayoría de las mujeres en aqullos momentos cuando aparece por allí un minúsculo artrópodo amenazando sus vidas.
Digo, a menos que estés en el Amazonas y sea la hora de cazar de las hormigas y toque que te maten a piquetazos, en África te pegue el sueño una Tse-Tsé o en algún lugar de la selva en Chiapas alguna mosquita deposite sus huevecillos en tu cabeza, creo que estamos bastante seguros.
En mi opinión los bichos son bien interesantes (que no puedo decir que todos todos todos son bonitos, lo reconozco). Siendo tan chiquititos, me parece increíble lo complejos que son y la habilidad que han tenido para sobrevivir a través del tiempo y los miles de fenómenos naturales y humanos que muchas veces, literalmente, les han caído encima (con una suela de plástico de 27 cm de largo, por ejemplo).
Reconozco que las cucharachas y las moscas en la ciudad son asquerosas, pero es por culpa de nosotros que les hemos quitado sus hábitats naturales y las hemos orillado a que vivan junto con nuestros desperdicios, convirtiéndolas en vectores de enfermedades, lo que nos obliga a tener control sobre ellas (matándolas, si).
Pero bueno, que no todos los insectos son así y creo que vale la pena conocer un poco más sobre los bichitos y así transmitir a los niños respeto y admiración sobre estos seres que en número dominan el planeta y son parte de la naturaleza que tenemos que cuidar.
Por cierto... la niña se puso el zapato pero siguió sentada en el suelo. Será que no le dan miedo las arañitas o no se creyó eso de que le morderían...
martes, diciembre 30, 2008
martes, diciembre 16, 2008
palabrejas
Hay palabras que me gustan mucho por su significado o por cómo suenan. También por cómo se sienten en la boca cuando se pronuncian.
- Rejego: sust./adj. m. y f. Recalcitrante, que protesta y refunfuña cuando se le pide que haga algo.
- Atareado: adj. m. y f. Que está muy ocupado o muy entregado a su trabajo
- Totopo: nombre de origen náhuatl que significa dorar o tostar; es la forma de llamar en México a los trozos de tortillas fritos o tostados de forma triangular, se comen como acompañamiento de otras platos, como con los frijoles, guacamole, etc. usándolos en vez de cubiertos.
- Desbarajuste: m. Desorden, confusión.
- Arsico: adj. m. y f. Áspero, intratable.
- Modorro: m. y f. Que está con sueño después de despertarse.
- Pachorra: sut. Escaso interés y diligencia en el trabajo, actividad o esfuerzo. Flojera, desidia, indolencia, tardanza.
- Argüendero: adj./sust. m. y f. Persona entrometida, chismosa.
- Alcahuete: sust. m. y f. Persona o cosa que encubre lo que se quiere ocultar.
- Berrinche: sust. Enojo, rabieta grande.
- Bichi o bichicore: adj. Palabra yaqui que significa desnudo/a.
- Embicharse: v. Viene de bichi, significa desnudarse.
- Amante: 1. adj. Que ama. 2. adj. Se dice de las cosas en que se manifiesta el amor o que se refieren a él. 3. m. pl. Hombre y mujer que se aman. 4. com. querido/a.
- Chípil: adj. sust. persona o actitud caprichosa, que pide atención.
- Agüitarse: Deprimirse, decepcionarse, afligirse:agüitarse por una desgracia.
- Achinquechado: adj. En cuclillas.
- Jarioso: adj. m. y f. Lujurioso, excitado sexualmente.
- Achichincle: sust. Ayudante
- Teporocho: adj. m. y f. Borracho. Se dice que la palabra habría surgido de la costumbre de beber en las madrugadas infusiones de hojas de naranjo o canela (té), con alcohol. A principios del siglo XX, se vendían en puestos callejeros y el precio de estas bebidas era de ocho centavos... de ahí vendría lo de teporocho, es decir (té-por-ocho).
- Vehemente: 1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Un discurso vehemente. 2. adj. Ardiente y lleno de pasión. 3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos.
martes, diciembre 09, 2008
Los nombres
Hoy hago, con todo respeto, una crítica abierta a los nombres… y a los padres que se atrevieron a ponerlos.
Estoy de acuerdo que los nombres son necesarios para identificar a cada una de las personas y de forma individual, pero hay veces que se pasan de “creativos” y otras de faltos de imaginación.
Hay nombres que se repiten generación tras generación. No importa qué tan feos sean. No importa que se sepa que son feos.
No entiendo la necesidad (o necedad) de los papás de querer que el primogénito varón se llame igual que el y la primogénita mujer igual que ella.
Y para colmo, después de que el padre y el niño vivieron el problema de que sus amigos llamaran a su casa y se tuviera que preguntar siempre “chico o grande”, el niño vaya y haga lo mismo cuando tenga sus propios hijos.
Como el hijo de mi amigo Alvaro que se llama Alvaro, como el abuelo y el bisabuelo.
O en mi familia extendida, que hay seis Carlos.
Luego están los papás que quieren repetir el nombre pero de forma original. Recuerdo a un amigo en la prepa que se llamaba Eduardo Javier Alfonso (por decir), su papá se llamaba Javier Alfonso y el padre de éste, Alfonso.
Conozco dos casos de diferentes familias que todos los hijos hombres se llaman José algo, y otro en donde todas las hijas llevan el nombre de Ana antes que otro. Y ¿cómo se llaman los padres? En el primero José y en el segundo, Ana.
Encuentro peor cuando les ponen nombres en otro idioma. Aquí se da mucho que algunas pobres criaturas tengan nombres gringos. Y aparte, lo escriben como se les da la gana y se me hace todavía más pior. Recientemente conocí a una Sherry y una Rachel (pronunciado RAchel) y a un Bryan (que no sé cómo lo han de escribir). El Jhonatan o Jonathan es bastante común, así como el Jennifer o Jenifer.
También están los casos de mucha tradición (o falta de imaginación) en la que les ponen a los niños según el santoral. De allí nombres como Lindolfo, Antero, Sidronio, Teófilo, etc. Y aquí entran los despistados que ponen Anivdelarev si nació el 20 de noviembre cuando se celebra el aniversario de la revolución.
Están los nombres de mujeres que vaya a saber por qué se han relacionado con mujeres de moral distraída como Yahaira, Yesenia, Yanira. Si ya saben, ¿para qué se los ponen?
Otra cosa que he notado es que hay generaciones en las que se repiten mucho ciertos nombres. El fenómeno es fácil de explicar: la protagonista o el protagonista principal de la novela en vogue. Ejemplos: Rubí, Marimar, Alondra.
No voy a adentrarme en los nombres meteorológicos como Azul, Cielo, Lluvia, Tormenta.
Si yo estoy de acuerdo con ser originales. Hasta cierto punto. Sé del caso de un tal Osly, que viene de osito y lindo. O el de un chavo que se llama Roal por que su abuela se llamaba Rosa y su abuelo Alfonso.
¿Qué pasa con los nombres normalitos? Por decir, no sé, se me ocurre...
Claudia... =)
A mi me gustaría que los que leen a veces por aquí, me den más ejemplos.
Estoy de acuerdo que los nombres son necesarios para identificar a cada una de las personas y de forma individual, pero hay veces que se pasan de “creativos” y otras de faltos de imaginación.
Hay nombres que se repiten generación tras generación. No importa qué tan feos sean. No importa que se sepa que son feos.
No entiendo la necesidad (o necedad) de los papás de querer que el primogénito varón se llame igual que el y la primogénita mujer igual que ella.
Y para colmo, después de que el padre y el niño vivieron el problema de que sus amigos llamaran a su casa y se tuviera que preguntar siempre “chico o grande”, el niño vaya y haga lo mismo cuando tenga sus propios hijos.
Como el hijo de mi amigo Alvaro que se llama Alvaro, como el abuelo y el bisabuelo.
O en mi familia extendida, que hay seis Carlos.
Luego están los papás que quieren repetir el nombre pero de forma original. Recuerdo a un amigo en la prepa que se llamaba Eduardo Javier Alfonso (por decir), su papá se llamaba Javier Alfonso y el padre de éste, Alfonso.
Conozco dos casos de diferentes familias que todos los hijos hombres se llaman José algo, y otro en donde todas las hijas llevan el nombre de Ana antes que otro. Y ¿cómo se llaman los padres? En el primero José y en el segundo, Ana.
Encuentro peor cuando les ponen nombres en otro idioma. Aquí se da mucho que algunas pobres criaturas tengan nombres gringos. Y aparte, lo escriben como se les da la gana y se me hace todavía más pior. Recientemente conocí a una Sherry y una Rachel (pronunciado RAchel) y a un Bryan (que no sé cómo lo han de escribir). El Jhonatan o Jonathan es bastante común, así como el Jennifer o Jenifer.
También están los casos de mucha tradición (o falta de imaginación) en la que les ponen a los niños según el santoral. De allí nombres como Lindolfo, Antero, Sidronio, Teófilo, etc. Y aquí entran los despistados que ponen Anivdelarev si nació el 20 de noviembre cuando se celebra el aniversario de la revolución.
Están los nombres de mujeres que vaya a saber por qué se han relacionado con mujeres de moral distraída como Yahaira, Yesenia, Yanira. Si ya saben, ¿para qué se los ponen?
Otra cosa que he notado es que hay generaciones en las que se repiten mucho ciertos nombres. El fenómeno es fácil de explicar: la protagonista o el protagonista principal de la novela en vogue. Ejemplos: Rubí, Marimar, Alondra.
No voy a adentrarme en los nombres meteorológicos como Azul, Cielo, Lluvia, Tormenta.
Si yo estoy de acuerdo con ser originales. Hasta cierto punto. Sé del caso de un tal Osly, que viene de osito y lindo. O el de un chavo que se llama Roal por que su abuela se llamaba Rosa y su abuelo Alfonso.
¿Qué pasa con los nombres normalitos? Por decir, no sé, se me ocurre...
Claudia... =)
A mi me gustaría que los que leen a veces por aquí, me den más ejemplos.
jueves, diciembre 04, 2008
martes, diciembre 02, 2008
Cama d'or
Estaba haciendo un muestreo de semillas en un montón enorme de cebada recién trillada. Metía un brazo, hondo, y luego el otro, apretando el puño con lo que alcanzaba a agarrar mi mano y después soltando lentamente una cascada dorada para que cayera dentro del costal.
Sentía cosquillitas ricas y suaves por la piel. Todo se hundía a mi alrededor y parecía que me movía en camara lenta.
¿Qué tan urgente será mi necesidad ardiente que por un instante me imaginé involucrada en una sesión ardiente de sexo ardiente entre aquél semillero noardiente?
La repentina corriente de aire que levantó polvo y cascaritas de diversas fuentes de ese montón de granitos y los metió en mi nariz (haciéndome estornudar (estruendosamente)), me sacó de dichoso estado mental con crueldad.
Las cortaditas por espigas y la comezón que todavía traigo en la piel me han llevado a descartar por completo la idea.
Sentía cosquillitas ricas y suaves por la piel. Todo se hundía a mi alrededor y parecía que me movía en camara lenta.
¿Qué tan urgente será mi necesidad ardiente que por un instante me imaginé involucrada en una sesión ardiente de sexo ardiente entre aquél semillero noardiente?
La repentina corriente de aire que levantó polvo y cascaritas de diversas fuentes de ese montón de granitos y los metió en mi nariz (haciéndome estornudar (estruendosamente)), me sacó de dichoso estado mental con crueldad.
Las cortaditas por espigas y la comezón que todavía traigo en la piel me han llevado a descartar por completo la idea.
viernes, noviembre 28, 2008
Conchis
Fui a comer con tres compañeros del trabajo a una fondita del pueblo más cercano. La dueña y señora del lugar se llama Conchis.
Conchis cocina muy bien. Con la fondita mantiene a su familia, que consta de su marido y tres hijos. Chemo atiende la casa y cuida de los niños mientras ella se gana el pan.
Cuando vamos entrando para acomodarnos en una de las mesas, nos saluda a todos diciendo “buenas tardes, ingenieros” y al pedirle de comer es normal tener que repetir varias veces lo que queremos, porque no apunta, sino que se pone a hacer la orden en el acto.
He notado que soy la única que repito lo que quiero sin que me pregunte.O sea, ¡por que no me pregunta! Me da la impresión que se le olvida que también estoy allí para comer.
Y me da un coraje que me sirva de comer al último. Mi plato siempre se hace al final, ya que todos los ingenieros están comiendo tan campantes.
En esos momentos, siento una profunda vergüenza. No sé si pueda explicar por qué.
Será vergüenza ajena, por Conchis, que siendo mujer y aparte tan independiente y trabajadora y demás, sea tan machista… y conmigo, otra mujer.
Será vergüenza por mi, que no soy capaz de exigirle a Conchis que me prepare la comida de vez cuando en otro orden que no sea al final.
Será vergüenza con y por mis compañeros, que tienen tan poca consideración conmigo y les vale cacahuate y se atascan felizmente mientras yo los veo y en absoluto piensan que es una falta de cortesía que una y otra vez pase lo mismo. Que me dejen al último.
Como más despacio que ellos y siempre terminan esperándome a que acabe. A veces apurándome. Ni por eso me sirven primero. O segunda. O tercera.
Toda la vida he estado rodeada de machistas, de machismo. He aprendido a vivir, sobrevivir y sobresalir a pesar de esto.
Pero a veces… me cansa y me da tanto coraje y a veces... sólo me da mucha pena.
Carajo.
Conchis cocina muy bien. Con la fondita mantiene a su familia, que consta de su marido y tres hijos. Chemo atiende la casa y cuida de los niños mientras ella se gana el pan.
Cuando vamos entrando para acomodarnos en una de las mesas, nos saluda a todos diciendo “buenas tardes, ingenieros” y al pedirle de comer es normal tener que repetir varias veces lo que queremos, porque no apunta, sino que se pone a hacer la orden en el acto.
He notado que soy la única que repito lo que quiero sin que me pregunte.O sea, ¡por que no me pregunta! Me da la impresión que se le olvida que también estoy allí para comer.
Y me da un coraje que me sirva de comer al último. Mi plato siempre se hace al final, ya que todos los ingenieros están comiendo tan campantes.
En esos momentos, siento una profunda vergüenza. No sé si pueda explicar por qué.
Será vergüenza ajena, por Conchis, que siendo mujer y aparte tan independiente y trabajadora y demás, sea tan machista… y conmigo, otra mujer.
Será vergüenza por mi, que no soy capaz de exigirle a Conchis que me prepare la comida de vez cuando en otro orden que no sea al final.
Será vergüenza con y por mis compañeros, que tienen tan poca consideración conmigo y les vale cacahuate y se atascan felizmente mientras yo los veo y en absoluto piensan que es una falta de cortesía que una y otra vez pase lo mismo. Que me dejen al último.
Como más despacio que ellos y siempre terminan esperándome a que acabe. A veces apurándome. Ni por eso me sirven primero. O segunda. O tercera.
Toda la vida he estado rodeada de machistas, de machismo. He aprendido a vivir, sobrevivir y sobresalir a pesar de esto.
Pero a veces… me cansa y me da tanto coraje y a veces... sólo me da mucha pena.
Carajo.
domingo, noviembre 23, 2008
Señal
Será que soy alguien de poca (o podrá ser mucha) fe o talvez sólo sea que se me dificulta tomar decisiones por mi misma, por lo que busco señales en todas partes, quizá por supersticiosa, quizá para que me orienten o me den el empujón que necesito para saber qué hacer, qué camino escoger.
Otra cosa es que haga caso a las señales. Y haga las cosas.
Hoy pensaba en ellas cuando leí en un lugar:
Otra cosa es que haga caso a las señales. Y haga las cosas.
Hoy pensaba en ellas cuando leí en un lugar:
Si has estado esperando una señal, esto lo es.
Hazlo.
Será increíble.
Una señal más clara, nunca he recibido.
Me gustaría hacer lo que he estado pensando que debo hacer, me gustaría hacerlo con la seguridad que te da el no pensar en las consecuencias pero teniendo la esperanza de que éstas sean las mejores.
Ahora, es que no me atrevo.
Soy cobarde.
miércoles, noviembre 19, 2008
Bellota
Hace unos días nació la primera becerrita de mi dinastía. Por desgracia me perdí el parto, que fue el domingo a las seis de la mañana. Aunque he visto animales nacer, me hubiera gustado estar allí.
La becerra se llama Bellota y su número de identificación es el 5019. No tengo idea de cuánto habrá pesado al nacer porque aquí no hay basculas que no midan más de unos cuantos kilos de vegetales.
Es color café y la única seña particular que le he encontrado está en la pata trasera. Tiene una manchita blanca sobre la pezuña izquierda.
Debido a mi falta de previsión, las becerreras no estuvieron listas para que Bellota las inaugurara, por lo que tuvimos que improvisar un lugar en donde resguardarla del frío y cualquier riesgo de contagio de enfermedades bronquiales que abundan en los animales de más edad en estas épocas de frío.
Mi laboratorio/ex caballeriza definitivamente no representa el mejor aposento, pero de momento no queda de otra. Bellota reposa e intermitente y animadamente se pasea por la caballeriza de unos cinco metros cuadrados, entre mis frascos de vidrio, botellas con extractos, cajas con experimentos y la gran mesa maciza de madera donde trabajo. De repente le da por estirar su pescuezo y olisquear a distancia las más de 15 hierbas medicinales que cuelgan de las paredes.
Le doy de comer cuando a ella se le da la gana y normalmente es un evento desastroso para mi porque a mitad de comida se emociona y cuando al fin termina de dar saltos de salvaje sobre patas todavía temblorosas y regresa queriendo el biberón (con el hocico lleno de leche y baba), lo busca tentando por todas mis piernas y termino llena de pequeñas manchas de leche en forma de hocico bovino miniatura.
A veces jugamos un rato, corriendo de un lado para otro en el estrecho espacio con ella detrás (y me da mucho gusto que nadie pueda verme porque estoy segura que me veo de lo más ridícula). Cuando una de las dos nos cansamos, me siento en el suelo recargada a la pared y la becerra se echa a un lado.
Trato de acariciarla y hablare seguido para que se acostumbre al contacto humano y a mi voz. Le gusta que le sobe entre los ojos y no me he animado a cantarle por miedo a arruinar nuestra agradable relación.
A veces estoy en el laboratorio trabajando en la computadora y oímos a Pavarotti o María Callas. Creo que ambas acordamos que hay algunas piezas de la Traviata que no nos agradan mucho porque parece que un niñito cantor está llorando mientras lo capan. Las orejas de Bellota casi empiezan a girar sobre su cabeza como antenas y mejor le adelanto a la próxima opera.
Estoy emocionada y encantada. No dejo de impresionarme que a los 3 días y medio de nacida tenga todos sus pelitos, dientes y pezuñas perfectos, o que brinque sobre esas patas tan delgaditas y sea tan juguetona.
Yo estoy segura que los animales tienen personalidad propia. Espero que siga así de animada cuando crezca. Ver una vaca de 400 kilos retozando por las praderas es de las cosas más graciosas que he visto.
A veces me preocupo. Espero que estemos haciendo las cosas bien para que Bellota crezca fuerte y saludable y de paso, sea muy buena productora.
La becerra se llama Bellota y su número de identificación es el 5019. No tengo idea de cuánto habrá pesado al nacer porque aquí no hay basculas que no midan más de unos cuantos kilos de vegetales.
Es color café y la única seña particular que le he encontrado está en la pata trasera. Tiene una manchita blanca sobre la pezuña izquierda.
Debido a mi falta de previsión, las becerreras no estuvieron listas para que Bellota las inaugurara, por lo que tuvimos que improvisar un lugar en donde resguardarla del frío y cualquier riesgo de contagio de enfermedades bronquiales que abundan en los animales de más edad en estas épocas de frío.
Mi laboratorio/ex caballeriza definitivamente no representa el mejor aposento, pero de momento no queda de otra. Bellota reposa e intermitente y animadamente se pasea por la caballeriza de unos cinco metros cuadrados, entre mis frascos de vidrio, botellas con extractos, cajas con experimentos y la gran mesa maciza de madera donde trabajo. De repente le da por estirar su pescuezo y olisquear a distancia las más de 15 hierbas medicinales que cuelgan de las paredes.
Le doy de comer cuando a ella se le da la gana y normalmente es un evento desastroso para mi porque a mitad de comida se emociona y cuando al fin termina de dar saltos de salvaje sobre patas todavía temblorosas y regresa queriendo el biberón (con el hocico lleno de leche y baba), lo busca tentando por todas mis piernas y termino llena de pequeñas manchas de leche en forma de hocico bovino miniatura.
A veces jugamos un rato, corriendo de un lado para otro en el estrecho espacio con ella detrás (y me da mucho gusto que nadie pueda verme porque estoy segura que me veo de lo más ridícula). Cuando una de las dos nos cansamos, me siento en el suelo recargada a la pared y la becerra se echa a un lado.
Trato de acariciarla y hablare seguido para que se acostumbre al contacto humano y a mi voz. Le gusta que le sobe entre los ojos y no me he animado a cantarle por miedo a arruinar nuestra agradable relación.
A veces estoy en el laboratorio trabajando en la computadora y oímos a Pavarotti o María Callas. Creo que ambas acordamos que hay algunas piezas de la Traviata que no nos agradan mucho porque parece que un niñito cantor está llorando mientras lo capan. Las orejas de Bellota casi empiezan a girar sobre su cabeza como antenas y mejor le adelanto a la próxima opera.
Estoy emocionada y encantada. No dejo de impresionarme que a los 3 días y medio de nacida tenga todos sus pelitos, dientes y pezuñas perfectos, o que brinque sobre esas patas tan delgaditas y sea tan juguetona.
Yo estoy segura que los animales tienen personalidad propia. Espero que siga así de animada cuando crezca. Ver una vaca de 400 kilos retozando por las praderas es de las cosas más graciosas que he visto.
A veces me preocupo. Espero que estemos haciendo las cosas bien para que Bellota crezca fuerte y saludable y de paso, sea muy buena productora.
lunes, noviembre 10, 2008
muda
¿Cómo se supone que una debe de reaccionar ante la notica de que tiene un tumor?
¿Y que no te digan nada más?
Después de las milcincomil, un alma caritativa me explicó que es benigno pero sangra y que puede crecer y hacerse malo.
Empecé el tratamiento que consiste en una inyección (con una aguja que seguramente es del mismo tamaño que se usa en elefantes) de medicamento en el abdomen por 5 meses.
Yo sigo asustada.
¿Y que no te digan nada más?
Después de las milcincomil, un alma caritativa me explicó que es benigno pero sangra y que puede crecer y hacerse malo.
Empecé el tratamiento que consiste en una inyección (con una aguja que seguramente es del mismo tamaño que se usa en elefantes) de medicamento en el abdomen por 5 meses.
Yo sigo asustada.
wish list
Este fin de semana estuve con una tía. En la plática, me dijo que hiciera una lista de las cosas que quiero tener, que quiero ser, defectos que quiero convertir en virtudes, virtudes que quiero desarrollar. Por más loco o imposible que parezca.
Por partes, escribo mi lista.
Quiero ser:
Alegre
Compasiva
Generosa
Agradecida
Positiva
Trabajadora
Buena hija
Buena amiga
Buena empleada
Buena jefa
Buena ciudadana
Congruente
Creativa
Perseverante
Justa
Espiritual
Tolerante
Empática
Paciente
Activa
Comprensiva
Exitosa
Puntual
Responsable
Decidida
Inteligente
Compartida
Respetuosa
Entusiasta
Quiero también:
Ser feliz
Tener tranquilidad económica
Saber amar
Saber dejarme amar
Que siempre me apasione lo que hago
Que lo que hago haga una diferencia positiva allí donde esté
Ayudar en lo que pueda a los que me rodean
Pesar 56 kilos
Cocinar delicioso
Hacer un buen grupo de amigos en la ciudad donde vivo
Tener salud
Quererme mucho
Hacer mi trabajo siempre bien
Estar siempre abierta al aprendizaje y a las críticas
Tener un autoestima balanceado
Saber perdonar
Poder siempre adaptarme a los cambios
Que todo lo que haga sea hecho siempre con todas las ganas
Se supone que debo repetir estas cosas seguido, convencida de que lo soy, que lo tengo, que puedo, aunque la realidad sea diferente.
Es el poder de la mente, que se va convenciendo de que las cosas son así... hasta que en realidad, lo son.
No sé qué tan cierto sea, pero decirme que soy y hago todo eso me pone de tan buen humor, que nada más por eso ya vale la pena!
Por partes, escribo mi lista.
Quiero ser:
Alegre
Compasiva
Generosa
Agradecida
Positiva
Trabajadora
Buena hija
Buena amiga
Buena empleada
Buena jefa
Buena ciudadana
Congruente
Creativa
Perseverante
Justa
Espiritual
Tolerante
Empática
Paciente
Activa
Comprensiva
Exitosa
Puntual
Responsable
Decidida
Inteligente
Compartida
Respetuosa
Entusiasta
Quiero también:
Ser feliz
Tener tranquilidad económica
Saber amar
Saber dejarme amar
Que siempre me apasione lo que hago
Que lo que hago haga una diferencia positiva allí donde esté
Ayudar en lo que pueda a los que me rodean
Pesar 56 kilos
Cocinar delicioso
Hacer un buen grupo de amigos en la ciudad donde vivo
Tener salud
Quererme mucho
Hacer mi trabajo siempre bien
Estar siempre abierta al aprendizaje y a las críticas
Tener un autoestima balanceado
Saber perdonar
Poder siempre adaptarme a los cambios
Que todo lo que haga sea hecho siempre con todas las ganas
Se supone que debo repetir estas cosas seguido, convencida de que lo soy, que lo tengo, que puedo, aunque la realidad sea diferente.
Es el poder de la mente, que se va convenciendo de que las cosas son así... hasta que en realidad, lo son.
No sé qué tan cierto sea, pero decirme que soy y hago todo eso me pone de tan buen humor, que nada más por eso ya vale la pena!
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