viernes, noviembre 16, 2007

La loca del 6

Yo me acuerdo que cuando iba a al pueblo de mi familia materna (Lampazos) en mi infancia, pensaba que era un pueblo lleno de locos.

Me sentaba en la banqueta alta bajo la sombre de la mora, recogiendo los frutitos del suelo y comiéndomelos mientras veía pasar a la gente tranquila y sin prisas con sus vidas arrastrando detrás.

También veía dos ó tres personas de edades adultas inciertas que caminaban y caminaban, todo el día caminaban, siempre hablando... solos (con ellos mismos, con su otro yo, con su amigo imaginario, con fantasmas, nunca me atrevía a preguntar). Cuando pasaban frente a mi, trataba de disimular mi concentración para entender qué tanto decían (creo que también nunca lo logré).

Y ahora, sin árbol de moras como testigo, declaro la identificación de una nueva loca en el barrio. O más bien una loca que va y viene por la Reforma.

Yo vivo en el departamento #6. Creo que la gente cuando me ve, pensará como yo pensaba de los 3 personajes que murmuraban constantemente mientras paseaban en modus solitarius por las plazas y calles del pueblo.

Sin radio y tratando de evitar hacer corajes y otros posibles encuentros del tercer tipo con algún otro Sam Bigotes, trato de entretenerme de diferentes maneras, y todas incluyen sonidos, movimientos de labios y gesticulaciones diversas:

-Canto a cappella (descubro que no me sé una sola canción entera).

-Compongo y desentono canciones sobre lo que voy haciendo mientras conduzco.

-Practico mi francés. Sostengo largas y entusiasmadas conversaciones conmigo misma (con frecuentes pausas repentinas, en donde trato de acordarme de la palabra o conjugación adecuada).

-Recito a Pablo Neruda (Me gustas cuando callas...) y/o a Sor Juana Inés de la Cruz (Hombres necios ...), únicos poemas que me sé de memoria, aprendidos como reto personal después de un serio y estúpido fallo memorial.

-Y (el que más me gusta a mi) me invento el discurso que algún día tendré que dar ante un policía de tránsito cuando me detenga por exceso de velocidad y por ir zigzageando como barrita de Tetris por entre los demás carros.

Es una perorata pasional e inspirada en todas las faltas viales de los demás vehículos que fluyen atropelladamente conmigo por Reforma.

Es una soflama que sale del corazón, en la que incluyo una crítica profunda hacia la corrupción, alabo el orgullo por el trabajo y la familia, el respeto a uno mismo y a la ciudad que nos alberga como comunidad. Hablo sobre la importancia del testimonio, de ser ejemplo, de influir en nuestra sociedad de manera positiva, y hasta elogio el uniforme.

Luego, cuando me canso o llego a la oficina, pienso en la incongruencia. La mía. Yo, que critico ciudad y población, refunfuño, voy a 100 km/h en zona de 60, y echo madres en mi mente cuando logro pasar a otro (inútil) al volante que está en mi camino. Quién soy yo para andar sermoneando gente...

Entonces, concluyo que... o me compongo (para poder seguir con este pasatiempo tan entretenido) o me aprendo otro poema.

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